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Fernando Vigorena
TEMAS DE RECURSOS HUMANOS
Contratando un cóndor
para que vuele en una jaula

Por Fernando Vigorena Pérez
 
     
 

Hace unos días leí un aviso de empleo en el diario. La vacante era para un “Gestor de Atención Interna”, nombre que se le da a la Sección de Servicios Generales. La empresa contratante exigía que los eventuales interesados contaran con formación universitaria en Ingeniería Comercial en Universidades tradicionales, capacidad de liderazgo, creatividad, energía, ser emprendedores, orientados a logros, estudios de informática, inglés fluido y, como si no bastase, pedían que fuesen “hands on”.

Para el Superman III que consiguiese convencer al entrevistador de que poseía esas variadas competencias, la remuneración era de unos U$S 800. O sea, poco y nada.

Este no es un ejemplo fuera de la realidad latina. Por el contrario, es casi un paradigma en los anuncios de empleo actuales. La sobreoferta de candidatos hace que las empresas elevan cada vez más la altura de la vara que los profesionales tienen que saltar para ser admitidos. Pero luego vienen las complicaciones motivadas por la sobre calificación que se verifica frente al cargo.

Conocí hace poco a quien se quedó con el cargo señalado. Llamémoslo Juan, ocupando el vistoso cargo de “Gestor de Atención Interna”.

Uno de sus primeros clientes internos fue un tal Martínez, Gerente de Contabilidad, estableciéndose el siguiente diálogo:

Martínez: Juan, quiero tres copias de este informe.

Juan: In a hurry.

Martínez: ¿Salud, dijo?

Juan: No, eso quiere decir “bien rápido”, ¿no ve que yo soy fluido en inglés?

Martínez: Qué sé yo, pero sáqueme rápida las copias!.

Juan: ¿Usted no prefiere que se las digite, aprovechando mis profundos conocimientos de informática?

Posterior a este diálogo, Juan preguntó si había funcionarios para liderar y desafíos que cumplir, ya que no estaba pasando nada después de dos días de trabajo. Martínez lo tranquilizó, señalando: “Yo llevo 18 años aquí y no ha sucedido nada”.

Ante esta situación, Juan era preso de un nuevo estilo en muchas empresas: contratar cóndores para que vuelen en un jaula, incrementando la rotación de profesionales en las empresas.

De esta forma, el mercado laboral está quedando dividido en dos fracciones: una, cada vez mayor, de los que no consiguen empleo alguno por no tener las calificaciones requeridas, y otro grupo, pequeño pero creciente, de los admitidos porque poseen todas las competencias exigidas por los avisos, pero que las podrán usar sólo en la mitad ya que la función no las requiere.

Alguien podrá, con justa razón, señalar que la empresa está mirando el largo plazo: siendo portador de tantos talentos, el funcionario podrá ir siendo preparado para asumir responsabilidades cada vez mayores.

En una empresa que conocí, cayeron en esa trampa. Admitieron un montón de gente super calificada, y las conversaciones en el café eran de tal nivel que un visitante distraído podría pensar que estaba en el auditorium de la Fundación Alfred Nobel.

Hace unos días un grupo de auditores fue a visitar la fábrica de esa empresa. En medio de la carretera, el neumático de la 4x4 pinchó. Como los celulares no funcionaban en ese sector, lo que quedaba era confiar en Don Manuel, el chofer del todo terreno. Ahí descubrieron que el tal Manuel hablaba inglés, tenía sólidos conocimientos de sistemas, poseía energía y creatividad. Sin mencionar que estaba haciendo un post grado en mecánica multivalvular. Sólo que no supo sacar la rueda, menos ponerla.

Por ahí pasó un sujeto en bicicleta. Para horror de todos, se expresaba con términos como “aguaite un poco patrón”, y cosas parecidas. En no más de cinco minutos instaló el neumático, y entre todos los auditores le juntaron unas monedas de propina, y se fue feliz. Ese ciclista anónimo es el perfil que las empresas evitan contratar, porque no impresionan a nadie.

 
 
 
 

Fernando Vigorena Pérez es Consultor de Empresas y Director de Entrepreneur Consultores Gerenciales Ltda., una de las más importantes empresas orientadas a los servicios de Outplacement y Coaching en Chile.

 
     
 
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