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Mariela Rígano
TEMAS DE RECURSOS HUMANOS
Competencias comunicativas:
un desafío para las organizaciones

Por Mariela Rígano
 
     
 

El concepto de competencia comunicativa, que introdujera el etnógrafo de la comunicación Dell Hymes, hace referencia a todos los conocimientos que posee el hablante de una comunidad y que le permite desempeñarse con éxito en cada interacción o situación comunicativa. Ese conocimiento implica no sólo lo lingüístico sino también qué decir, a quién y cómo decirlo, en qué situación de habla (adecuación), qué esperar de cada tipo de encuentro comunicativo, sobre qué tópicos puede y ha de hablarse, con qué propósito y qué resultados, las normas de cortesía, a qué distancia pararse del interlocutor, qué gestos son apropiados, volumen de voz, etc. Es decir, la competencia comunicativa es el conjunto de habilidades y conocimientos que permiten al hablante producir mensajes social y contextualmente adecuados.

Las competencias comunicativas se aprenden socialmente y por exposición a diferentes situaciones comunicativas. Por esto mismo, un hablante puede entrenarse en nuevas competencias y habilidades y, sobre todo, puede ampliar las competencias que ya posee.

Tradicionalmente, las empresas han dado a la comunicación un valor funcional, y los comunicadores se han aferrado al esquema comunicativo para explicar las fallas en la comunicación en términos de “ausencia de feedback positivo”, “ruidos” en el canal por el que se transmite el mensaje o la existencia de barreras comunicativas. Sin embargo, aunque estos componentes del circuito comunicativo no sufran ningún inconveniente, a veces la comunicación falla, y en muchas oportunidades se debe a que nuestras competencias comunicativas o las de aquellos con quienes interactuamos son limitadas.

Así, nos encontramos con personas que son excelentes en su desempeño pero que cuando tienen que presentar un proyecto al grupo de trabajo no pueden transmitir seguridad y confianza en aquello que han desarrollado, jefes que cuando pretenden motivar resultan demasiado impositivos y producen amedrentamiento en su personal, o situaciones en las que debemos decir “no” y nos faltan herramientas para argumentar nuestra posición.

Constituye un desafío para las empresas y para quienes nos ocupamos de los procesos comunicativos desarrollar las competencias interaccionales de aquellos con quienes trabajamos o colaboramos.

¿Cómo orientarnos hacia el desarrollo
de estas competencias?

Para ello debemos tomar conciencia, en primer lugar, de que la comunicación nunca es meramente funcional, sino que a través de la misma se construye y se tramita nuestra identidad personal, la identidad de quienes nos rodean y la identidad de nuestra empresa. Por esto mismo, aunque debe ser una preocupación constante el trabajo de perfeccionamiento de las habilidades comunicativas, no debemos enfocarnos sobre estos aspectos pensando únicamente en la eficacia, sino abordarlos de forma integral con el objeto de “cuidar” nuestra imagen y la imagen de los otros. Siempre atendiendo a esta doble vertiente, uno mismo y el otro, porque el proceso comunicativo invariablemente se tramita y se construye con los otros.

Existe en el mercado infinidad de cursos, talleres y capacitaciones que nos ofrecen diferentes alternativas para mejorar nuestra comunicación. Ahora, ¿cómo diferenciar y saber elegir aquello que estamos necesitando?

Primordialmente, debemos buscar para mejorar nuestras competencias interaccionales aquellos espacios donde la comunicación no sea abordada a través de recetas y donde el individuo y sus características ocupen un lugar central en el proceso y el entendimiento del evento comunicativo.

Nadie puede ofrecernos una fórmula que, aplicada indiscriminadamente a las múltiples situaciones comunicativas, mejore nuestras ventas, tramite nuestra imagen profesional eficazmente o resuelva nuestras crisis exitosamente. Cada uno de nosotros somos individuos con características particulares, y por esto mismo comunicativamente tenemos habilidades diferentes. Los cursos, capacitaciones o talleres que realmente aportan al desarrollo de habilidades o competencias comunicativas son los que no nos prometen soluciones mágicas y, sobre todo, partiendo de temáticas comunes nos ayudan a ampliar las competencias individuales que como hablantes de una comunidad o de un grupo todos tenemos.

En definitiva, resultan enriquecedores y aportan a nuestra formación de habilidades interaccionales los espacios donde las habilidades comunicativas y la comunicación en sí son tratadas como un proceso complejo que debe ser atendido particularmente y, por esto mismo, nos entrenan para el desarrollo creativo de estrategias comunicativas y nos enseñan a “leer” las claves para entender el proceso comunicativo en forma dinámica.

 
 
 
 

La Dra. Mariela E. Rígano, es sociolingüista y analista del discurso, capacitadora en comunicación, docente en Argentina de la Universidad Nacional del Sur, Universidad Provincial del Sudoeste, Instituto Superior Pedro Goyena e Instituto Superior Juan XIII.

 
     
 
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