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Gonzalo Moràn

DESARROLLO PERSONAL
Talleres Vivenciales:
la importancia del ser con el otro

Por Gonzalo Moràn

 
     
 

"Uno es, exactamente, lo que ha construido con las piezas que tiene.”
(Angie Day, Hacia algún lugar)
 
Como bien podrían destacar los antiguos filósofos empiristas, toda teoría que surge viene después de la experiencia. Y para corroborar esto, ningún ejemplo más ilustrativo que los Talleres Vivenciales.

Los Talleres Vivenciales son reuniones de trabajo activo con una polarización especial en el aprendizaje personal, en condiciones especiales de aprehendizaje (aprender + aprehender) libres de los patrones de la vida diaria. Son alegorías modernas del microcosmos social.

Nuestros valores, creencias y actitudes personales son adquiridos permanentemente, desde la infancia, a través de nuestra interacción con otras personas y con las instituciones sociales. Se manifiestan e influyen en nuestra forma de relacionarnos en las actividades diarias, en el hogar, en la calle y en el trabajo. La orientación, el éxito o el fracaso de cualquier programa o proyecto que estemos desarrollando, dependen en parte de esta reflexión.

Un taller vivencial provee de distintas vivencias a los participantes y posibilita el darse cuenta, el ponerle palabras e incorporar esta nueva vivencia (lo que vivo aquí y ahora ) a nuestro bagaje de experiencias (las vivencias que incorporo, que simbolizo y que nombro). Esto hace que ampliemos nuestro campo perceptivo y podamos ser más flexibles y espontáneos.

Para lograr tener esta vivencia es necesario que cada participante pueda establecer relaciones entre una actividad y otra, entre el trabajo de un día y el del otro, y entre las actividades del taller y su trabajo. También es necesario que el participante pueda hacer una evaluación de la calidad y aplicabilidad del trabajo realizado. La regla de oro de este método de capacitación es partir siempre de las personas participantes, de sus experiencias, conocimientos, dudas y valores, tanto en el campo personal como en el laboral. El objetivo más importante de este proceso didáctico es lograr la apropiación de las reflexiones, los conceptos y las metodologías, para que puedan ser aplicados en la VIDA REAL.

Según la terapeuta americana Helen Palmer, prácticamente la totalidad de nuestras alegrías y tristezas tienen que ver con nuestras relaciones y nuestras carreras profesionales. La posibilidad de escuchar las descripciones que de sí mismas hacen otras personas nos ayudan a comprender nuestra propia identidad. Las otras personas nos acercan a sus vidas ofreciéndonos sus percepciones privadas, sus pensamientos personales y sus sentimientos.

No obstante, la observación de uno mismo continúa provocando ciertos prejuicios. Prueba de ello es que muchos la consideran una tarea para “personas frustradas” en lugar de una herramienta de crecimiento personal, y ese error se origina en el sistema de creencias de nuestra cultura. El daño que provocan las personas está en gran medida motivado por su propio dolor.

Las relaciones demuestran las diferencias que existen entre nosotros. Cada uno puede estar diciendo la verdad, y aún así contar una historia diferente. Analizamos nuestras relaciones, nuestro trabajo y a nuestros hijos desde ángulos radicalmente distintos, por lo general sin apreciar una tendencia sistemática. Cuando comparamos nuestras propias tendencias con las de las personas que no son como nosotros, adquirimos un nuevo conocimiento que no tarda en convertirse en compasión. El hecho de ver a través de los ojos de otro y de sentir la presión de su vida emocional inspira compasión, porque cuando adoptamos el punto de vista de terceras personas su perspectiva nos resulta acertada. 

En un taller vivencial, uno ES con el otro y por ende, consigo mismo

Los Talleres Vivenciales procuran trabajar no tanto con el aspecto cognitivo sino, más que nada, sobre los aspectos personales, perceptuales y afectivos de los integrantes, de forma tal que al producirse cambios en estos aspectos, se potencia la motivación a un nivel superior al que produce una mera asimilación de información intelectual.

Y es que, como evidencia la propia esencia de la Inteligencia Emocional, las emociones son el motor de cualquier acción. Si no utilizamos métodos que contacten directamente con el interior y con el “corazón” de las personas, difícilmente lograremos provocar cambios en ellos, o en nosotros mismos. Por eso cualquier programa bien estructurado que pretenda incidir sobre las actitudes y conseguir energía para el cambio y la mejora, debería contar con Talleres Vivenciales.

Las técnicas que se utilizan son múltiples: desde juegos hasta psicodrama, pasando por la gestalt, las dinámicas grupales, la expresión artística y los recursos psico-corporales, sin dejar de lado el arte y la creatividad. Todo esto, obviamente, dentro de un marco de contención terapéutico que sirva como soporte al contexto grupal; de lo contrario, el taller podría convertirse en un arma de doble filo, como suele suceder con ciertos “programas de entrenamiento” donde algunos facilitadores carecen de las herramientas básicas de las ciencias “psi” y caen en lugares comunes como, por ejemplo, la confrontación por la confrontación misma que, en casos extremos, pueden llegar a perjudicar más que a ayudar.

Como Counselor Laboral y Grupalista, pero sobre todo como ferviente participante de este tipo de propuestas, he vivido momentos alucinantes: ver a un grupo de compañeros alrededor de un fogón, quemando sus partes oscuras; mujeres ejecutivas llorando porque su imagen de “Superwoman” les jugaba una mala pasada; relaciones que salen a flote; gerentes humanizados; empresarios que parecían insensibles abrazados coreando la letra de una canción al unísono; en síntesis, seres humanos confrontándose a valores existenciales como la muerte, el amor, los prejuicios y la libertad y, quizás lo mejor, gente riéndose de sí misma.

Quizás al leerlo pueda sonar algo “utópico”, pero yo lo he “experienciado”, estuve allí.

Para terminar, me parece importante citar una frase que leí hace unos días y que habla sobre el que es, quizás, el concepto MAS importante de un Taller Vivencial: EL AQUÍ Y AHORA.

“No hay milagro más grande que estar presente. Aquí todo comienza y nunca termina.

¿Qué significa la expresión estar presente? Significa que el sí mismo adormecido que hay en ti recuerda estar despierto.

Todo final es una ilusión, porque el presente es eterno. La simple historia de nuestra vida es estar presentes dondequiera que estemos."

(Robert Earl Burton, El recuerdo de sí)

 
 
 
 

El Clor. Gonzalo Morán es Consultor Psicológico (Counselor), egresado de Holos, la primera escuela de Counseling de la Argentina. Tiene especializaciones en Counseling Laboral (Epogé) y en Facilitación de Grupos (Instituto de Investigaciones Grupales). Director de “Dez-Struktur Counseling Laboral”, una consultora especializada en mejorar la atmósfera laboral en las empresas a través de Talleres Vivenciales. Es miembro de la Asociación Argentina de Counselors. Además, es Licenciado en Estudios Turísticos y ha trabajado en varias empresas multinacionales. www.dez-struktur.com.ar

 
     
 
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