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Félix Socorro

DESARROLLO PERSONAL
La Teoría del Saltamontes:
cómo cambiar de empleo con éxito

Por Félix Socorro

 
     
 

Respetando el estilo con el que suelo escribir mis artículos, en el contenido del siguiente trabajo se hablará del autor en tercera persona, aun cuando las reflexiones y propuestas aquí planteadas son de mi autoría producto de mis investigaciones en las ciencias administrativas.

Son ágiles, rápidos y, en la mayoría de los casos, precisos. Estos artrópodos saltan de un sitio a otro con tal seguridad que aun los científicos se preguntan si se trata de un reflejo producido por el instinto de supervivencia o un proceso consciente y planificado. Posiblemente algún día se sabrá. Lo que sí es un hecho es que tan peculiar habitante de montes y praderas puede ser un ejemplo a seguir en el competido y cambiante mundo laboral contemporáneo.

En 1992 y, desde una perspectiva muy personal, surgió la idea de comparar el comportamiento del profesional empleado con la conducta del saltamontes. En ese momento parecía común observar cómo las personas cambiaban de un empleo a otro con mucha facilidad. Aun cuando las condiciones macroeconómicas del país parecían variar con los cambios recientes que había sufrido la moneda y la realidad financiera que experimentaban empresas y bancos, existía la percepción de un importante número de ofertas laborales que atraían a propios y extraños. Los profesionales de entonces parecían saltamontes, yendo de un lugar a otro con libertad y seguridad.

Pero los tiempos han cambiado. La contracción económica característica en casi todos los países en desarrollo ha generado la pérdida de fuentes de empleo, el mercado se ha hecho cada vez más competido, las ofertas son escasas y muy específicas. No obstante, ante esa realidad que impera, aún existen profesionales empleados que desean probar suerte en otros escenarios y hacer uso del concepto de la “empleabilidad”, personas que han alcanzado un número importante de años en sus cargos y que no ven la posibilidad de seguir creciendo o ser considerados para otras responsabilidades e, incluso, personas que sienten que ya lo han dado todo por la empresa y sueñan con tener la oportunidad de oxigenarse experimentando otras condiciones laborales en distintos escenarios. Sencillamente estos profesionales sienten la necesidad de saltar.

Pero saltar de un empleo a otro no es cuestión de tomar impulso, respirar profundo y lanzarse al vacío para finalmente caer en el cargo o nivel de conocimiento deseado; es mucho más que eso, y es precisamente en este punto donde la Teoría del Saltamontes comienza a tener mayor sentido para quienes desean aventurarse, cambiar de empleo y seguir adelante.

La Teoría del Saltamontes es sencilla, como casi todas las cosas cuya inspiración es la naturaleza. Está definida principalmente por 6 principios:
 
Primer principio: Agudice sus sentidos, lea e interprete las señales.
Un saltamontes sabe exactamente cuándo es el momento de saltar. El saltamontes está dotado de vellos que le permiten detectar cuándo la comunidad donde se desenvuelve ha crecido lo suficiente como para restarle espacio. Gracias a su delicado y sensible tacto, no espera que sea demasiado tarde para saltar, por lo que el saltamontes entiende las señales, las interpreta y sabe exactamente cuándo es el momento de buscar un nuevo espacio.

Así como las organizaciones evalúan el desempeño de sus empleados, éstos están en el deber de evaluar su situación en la empresa en el corto, mediano y largo plazo, para así vislumbrar su futuro dentro de ella y compararlo con sus sueños y expectativas.

Si el resultado de esa evaluación demuestra que existen razones suficientes para “mantenerse en el barco”, la mejor opción es continuar alimentando la identificación que se posee con la empresa, mantener o incrementar el ritmo de trabajo y continuar agregando valor a la gestión. Pero cuando no es así, es el momento de pensar en visualizar las oportunidades que ofrece el mercado laboral.

En algunos casos la misma empresa ofrece señales inequívocas de sus limitaciones y/o manifiesta su imposibilidad de seguir ofreciendo metas retadoras a sus empleados; pero en otros casos esta información pareciera viajar en clave por todo el ambiente laboral y se requiere de agudeza y atención para poder comprender el mensaje.

Por otro lado, el empleado no puede esperar que sea la empresa la que tome la iniciativa del cambio, como consecuencia de sus políticas y planes, ni que sea ella la que decida poner fin a la relación laboral ofreciendo como aliciente talleres de outplacement para facilitar la reinserción en el mercado, en el mejor de los casos; se debe estar atento a las señales y, como el saltamontes, agudizar su sentido del espacio y reconocer cuándo todo lo que lo rodea dejó de poseer el tamaño de sus sueños y expectativas, y entonces, sólo así, una vez visualizado objetivamente su ambiente, tomar la decisión de mudarse a otro escenario.

Lo anterior, aunque básico, suele ser un error típico en el que incurre el profesional. No siempre se estudia la realidad del entorno, las facilidades que el empleo le proporciona, y entonces se toman decisiones viscerales basadas en impulsos o situaciones extraordinarias que activan el deseo ancestral de echarlo todo al suelo y comenzar de nuevo. No siempre se medita lo suficientemente bien el cambio de un empleo a otro, ni se observan las señales con suficiente atención, y ello genera resultados distintos a los esperados. Es por ello que antes de pensar en cambiar de empleo es recomendable:

1. Hacer una lista de los pros y los contra que ofrece la posición que se posee: ¿Qué ventajas presentaría permanecer en ella? ¿A qué riesgos se enfrentaría al cambiar de escenario? ¿Está preparado para asumir ese riesgo? ¿Se trata de un capricho momentáneo? ¿Qué concepto maneja de estabilidad? ¿Logrará lo que espera en el próximo empleo? ¿En realidad ha agotado todas las vías en su empleo actual? Revisar su situación le permitirá saber si se trata de un hecho fortuito y aislado su deseo de saltar o, por el contrario, las condiciones en las que se encuentra son lo suficientemente ajenas a sus expectativas como para comenzar a buscar nuevos horizontes.

2. Realizar una autoevaluación: ¿Ha sido mi conducta lo suficientemente proactiva como para ser considerado para otros cargos o niveles de conocimiento? ¿Estoy agregando valor a mi trabajo? ¿Estoy lo suficientemente identificado con mi empresa y las actividades que realizo? ¿Fui honesto al exponer mis expectativas, o sólo dije lo que me aseguraría el empleo?... Este paso es fundamental porque evita cometer los mismos errores en posiciones futuras. Si usted no ha dado lo mejor de sí en este trabajo durante todo el tiempo que lo ha desempeñado, ¿qué le sugiere que en otro escenario sí lo hará? Ahora bien, si usted se ha esforzado por ser un empleado extraordinario y aun así no puede contemplar un futuro mejor en la empresa, es la hora de saltar.

3. Visualizar el entorno con objetividad: ¿Este deseo de cambiar de ambiente se debe a una situación puntual? ¿Qué me motiva realmente a pensar en otros escenarios? ¿En verdad no tengo más oportunidades en esta empresa? ¿No hay retos o no me interesan los retos que hay? Buscar respuestas a estas preguntas y otras que puedan surgir al evaluar con objetividad el escenario donde se desenvuelve, le permitirá ser más acertado en la toma de decisiones relacionadas con su salto.

Segundo principio: No pruebe suerte, planifique el cambio y estudie las variables.

El saltamontes no salta por azar; antes de hacerlo suele ubicar con rapidez el lugar más seguro y que le proporcione la posibilidad de volver a saltar.

Cuando se está empleado existe cierto margen de estabilidad, en los términos tradicionales, por supuesto. La persona conoce el trabajo, conoce al jefe y a sus compañeros, la dinámica de la organización, en fin, conoce los pros y los contra de todo el negocio. Si desea experimentar en un nuevo escenario laboral no puede aventurarse a la primera buena impresión que le ofrezca otra empresa; debe asegurarse que es el lugar correcto a donde quiere saltar, que sus posibilidades de seguir creciendo son mayores a las que ya posee y que, finalmente, esa posición le servirá de catapulta para alcanzar nuevos retos si es que una vez en ella siente tal necesidad.

Estar empleado ofrece una ventaja competitiva con el resto de los que ofertan sus servicios, pues de no coincidir con las expectativas de la nueva empresa, la experiencia sirve para valorar lo que se tiene y para establecer nuevas metas personales para alcanzar otros objetivos retadores; situación distinta a quienes no poseen empleo pues, independientemente de ser una experiencia aleccionadora que les permitirá autoevaluarse y aprender de ella, la negativa del ingreso es una oportunidad menos que se posee en el mercado laboral en ese instante de la búsqueda.

Pero estudiar nuevas ofertas debe ser una decisión rápida y a la vez muy bien pensada. El mercado es cambiante y se puede estar ante un doble costo de oportunidad. El primero corresponde a la opción de la nueva experiencia: no todas las empresas están dispuestas a esperar y suelen requerir la presencia del talento seleccionado en el corto plazo. Si no se está lo suficientemente seguro de aceptar la oferta, aun cuando se ha pasado por todo el proceso de selección, la mínima muestra de inseguridad puede ofrecer una imagen errada en el empleador, disminuyendo o eliminando el interés por el futuro empleado. El segundo costo de oportunidad se encuentra en la misma empresa donde se labora: tal vez no se ha sido lo suficientemente eficiente, identificado y proactivo como para ser valorado, y mantener esa actitud en el nuevo empleo podría generar la misma necesidad de cambio. Es por ello que se sugiere:

1. Hablar con sus jefes o supervisores: No espere a ser evaluado, manifieste de manera sincera y respetuosa las emociones, frustraciones, sueños y expectativas de manera coherente a su superior. Aun cuando esto es necesario, resulta particularmente difícil en algunos casos. Ello se debe a la existencia de supervisores inflexibles y casi impenetrables, cuya actitud exige tenerles miedo en vez de respeto. Si la situación en la que se encuentra el profesional que desea saltar es la anteriormente descrita, no hay mucho que pensar, está claro que trabajar en esas condiciones limita la capacidad creativa del empleado, lesiona la comunicación y el espíritu de trabajo en equipo, así como merma la identificación con la empresa; por lo tanto el salto será consecuencia de tales condiciones.

2. Evalúe las respuestas e iniciativas recibidas: Si ya ha manifestado sus inquietudes y las respuestas que recibe son evasivas, vagas o condicionales, usted se encuentra en una empresa que no tiene expectativas de ofrecerle mejoras o cambios. Si por el contrario, las respuestas son directas, sustentadas y razonables, pero orientadas a mantenerlo en la misma situación en la que se encuentra, usted trabaja en una empresa seria que no está en capacidad de satisfacer sus expectativas. Ahora bien, si observa una respuesta preocupada, interesada y orientada a la búsqueda de soluciones en el corto o mediano plazo a su situación, usted se encuentra en una organización dispuesta a corregir sus omisiones, ¡no pierda esa oportunidad!.

3. Evalúe a la nueva empresa: Si se ve en la necesidad de cambiar de escenario laboral, es importante que antes de tomar una decisión indague lo suficiente acerca de la nueva empresa: ¿Cómo es su estilo gerencial? ¿Cuál es el índice de rotación del personal? ¿Cuánto tiempo se mantuvo la persona que usted va a sustituir en ese puesto? ¿Por qué se retiró? ¿Es común que la empresa sea citada a las autoridades laborales por excesos u omisiones con el personal? ¿Las personas que trabajan en ella están satisfechas? ¿Qué posibilidades de crecimiento ofrece? ¿Es considerada una buena referencia trabajar en ella?

4. Realice una coestima completa y genere compromisos: Durante el proceso de selección, específicamente en la entrevista, manifieste abiertamente sus sueños, sus expectativas y las razones (bien fundamentadas) de su deseo de retirarse de la empresa en la que se encuentra, así como los motivos que la identifican con la que lo está entrevistando. Sea bien claro en lo que espera de su nueva posición, no deje espacios vacíos. Sin ser petulante o extremadamente exigente, ubique al entrevistador en lo que realmente desea lograr en el nuevo cargo y puntualice qué es lo que la empresa desea exactamente de usted. Si lo que resulte del proceso de coestima se ajusta a ambas partes, usted está listo para saltar.

 

Tercer principio: Mantenga su trabajo al día y sus conocimientos actualizados, esté siempre preparado para saltar.

Los saltamontes mantienen sus extremidades posteriores en constante tensión. Esto les proporciona la habilidad de saltar en el momento preciso que la condición lo exige; de lo contrario podría verse amenazado por las circunstancias y perder la oportunidad de salir ileso de ellas.

En el caso del profesional empleado que sueña con experimentar otros escenarios, la premisa debe ser la misma: debe estar preparado y siempre dispuesto a saltar, ya sea en la misma empresa o fuera de ella, pero eso sólo es posible si se tienen las metas claras, el trabajo al día y si se ha invertido suficiente tiempo en mantenerse actualizado en cuanto a conocimientos y habilidades, ya que las oportunidades exigen competencias adicionales a las que se poseen en el cargo que se ocupa.

¿Cuántas oportunidades no se han perdido por no respetar este principio? La carencia de competencias y habilidades desarrolladas es una de las razones más poderosas que impiden fijar la atención en un candidato en particular. Las empresas están en búsqueda de personas que agreguen valor a sus trabajo y no se limiten sólo a hacerlo; esperan de su personal un esfuerzo y un conocimiento adicionales que les permita autogestionarse con éxito y basar sus decisiones en los criterios correctos, y eso sólo es posible si se está preparado para ello. No obstante, algunas posiciones poseen tal carga operativa que el empleado se limita a cumplir con ella sin aprovechar la capacidad ociosa de su tiempo de trabajo para invertirlo en explorar nuevos conocimientos. Por lo tanto es recomendable:

1. No dejar trabajos ni tareas pendientes: Maneje un proceso detallado y completo de todo lo que realiza o debe realizar en su trabajo, de acuerdo a las características de su empleo. Esto le permitirá establecer plazos y compromisos lo suficientemente cercanos a la realidad para poder cumplir con sus labores en el tiempo que está planificada su gestión, ya sea de seis, ocho o doce horas al día.

2. Documente sus actividades: Si el cargo que posee lo exige, mantenga un resumen detallado de lo que ha hecho, cómo, cuándo y para qué lo ha hecho, y los asuntos que están pendientes por hacer. Incluso, si le es posible, señale a las personas o entes que se requieren para atender esos puntos no alcanzados; lo anterior le ahorrará tiempo en el caso de que deba saltar de manera inmediata y no correrá el riesgo de pagar un alto costo de oportunidad.

3. Comparta sus conocimientos: Mantenga al menos a dos personas al tanto de lo que hace y de sus técnicas más comunes, comparta con ellos lo que sabe y la manera en que atacaría los asuntos pendientes; eso facilitará su retiro sin causar daños a la operación de la empresa que deja, y también le permitirá dejar una buena imagen de su gestión, vital para los procesos de reclutamiento y selección tradicionales que suelen hacer uso todavía de las referencias laborales.
 

Cuarto Principio: Esté atento a las oportunidades y amenazas de su entorno, del mercado y de las condiciones socioeconómicas antes de decidir saltar pues ¡dos ojos no son suficientes!

Los saltamontes están dotados de cinco ojos, dos compuestos y tres simples. Esto les ofrece una verdadera visión holística de su entorno, lo que les permite estar atentos al más mínimo de los cambios que ocurran en él y le proporcionan la información necesaria e inmediata para tomar la decisión correcta.

En el caso de los profesionales, los cinco ojos han de estar representados en las herramientas tecnológicas y de comunicación que existen, así como en sus colaboradores, pares y allegados. Es humanamente imposible estar en todas partes y conocer todo lo que acontece en el entorno. Por eso es necesario mantenerse informado a través de diversas fuentes; ese intercambio de datos y sucesos facilitará engranar imágenes mentales asociadas al conocimiento, indispensables para la creación de posibles escenarios de oportunidades y amenazas presentes en esa realidad, ofreciendo al profesional una visión más clara y menos subjetiva de las consecuencias que podrían resultar de su salto o de la ausencia del mismo.

Estar informado es fundamental. Sin ello las decisiones carecen de sustento y las posibilidades de éxito son escasas. Por lo tanto es exigible el desarrollo de una conducta orientada a potenciar el uso de esos “tres ojos” adicionales que la naturaleza no ofreció de manera convencional al ser humano, pero que en el campo profesional y personal pueden ser adheridos de manera concienzuda y planificada con la finalidad de poseer una visión lo suficientemente amplia del entorno que permita tomar la decisión correcta de saltar o no según sea el caso. Por todo lo anterior se sugiere:

1. Estar al corriente del acontecer nacional y local: Leer la prensa, revisar Internet e incluso estar atento a las comunicaciones internas que ofrezca la empresa. Esto le proporcionará los datos indispensables al momento de presentarse la necesidad de realizar un salto.

2. Crear y fomentar redes de información: El intercambio de información con compañeros de labores, ya sea de la misma área u otras dentro de la organización, es imprescindible, siempre y cuando se respete la confidencialidad en los casos en que se requiera y lo que se exponga agregue valor a la comunicación. Aunque no es prudente desoír los rumores, pues suelen poseer un porcentaje de veracidad, es recomendable aprender a separar los comentarios infundados de los objetivos y reconocer a los individuos que los propagan. Sólo la información veraz y confiable le servirá para tomar decisiones.

3. Verifique la información: Por más verdadero que le parezca un dato, verifique su autenticidad, no tome decisiones basadas en supuestos o percepciones de terceros. Saltar a otro escenario dentro del mismo, o simplemente no hacerlo, es una decisión seria que debe poseer bases sólidas y confiables.
 

Quinto principio: Si piensa saltar no lo divulgue ni dé indicios obvios de que lo hará.

El saltamontes usa el mimetismo como mecanismo de defensa. Cuando el saltamontes se ve amenazado por algún depredador no comienza a dar saltos de un lado a otro, eso lo pondría en un riesgo mayor. Por el contrario, utiliza el entorno y se confunde con él, esperando el momento más adecuado para realizar el salto que lo librará de la amenaza.

Otro de los errores comunes que cometen algunos profesionales empleados se encuentra, precisamente, en la incapacidad que demuestran de ocultar sus frustraciones y deseos de abandonar el trabajo que realizan.

Cuando un empleado manifiesta constantemente su deseo de cambiar de trabajo o las frustraciones y desacuerdos que posee con el que actualmente desempeña, se convierte en un elemento negativo para el ambiente laboral en el que se desenvuelve, y por lo tanto, es uno de los candidatos más inmediatos que posee la empresa para prescindir de sus servicios. Si esto ocurre, el profesional se encontrará desempleado en un mercado altamente competido y sin preparación alguna, pues no sólo ha sido el principal causante de esa situación, sino que se convierte en un ejemplo inmediato de lo que nunca debe hacerse si no se posee algo seguro.

Las empresas contratan a su personal basadas en una serie de procesos que no son ajenos para el candidato, quien al final acepta la oferta y las condiciones del contrato que se le ofrece. Si al cabo de un tiempo las condiciones no satisfacen las expectativas del empleado, descubre que aquello que lo identificaba con la empresa ya no le es atractivo o advierte que no es posible, por condiciones ajenas, continuar ofreciendo sus servicios en esa organización, resulta poco profesional que vocifere de manera elocuente y descarada su incomodidad. Es más apropiado mantener el ritmo y la calidad de trabajo que se ha venido ofreciendo con el tiempo y comenzar a utilizar los recursos externos para ubicar un nuevo escenario laboral. En estos casos es prudente:

1. No hacer del conocimiento general su descontento: Como ya se señaló, manifieste a su supervisor las expectativas no cumplidas y su estado emocional con relación al trabajo que realiza. No lo haga público, puede que esté pasando simplemente por un mal momento y éste desaparezca o que no logre completar el proceso de selección en la otra empresa y su imagen se vea afectada en la que actualmente trabaja, si es ese el caso. Manifestar descontento no siempre es bien visto por los supervisores, pero con certeza será lo primero que recuerden al momento de evaluar su desempeño en la organización y tomar decisiones al respecto.

2. Maneje con discreción el proceso del salto: Procure ser entrevistado fuera de su horario de trabajo, en días no laborables para su empresa o en horas de almuerzo. No descuide su trabajo actual. No comente con personas ajenas a su circulo más cercano sus búsquedas o entrevistas hasta que no esté completamente seguro que ha sido seleccionado y se disponga a retirarse de la empresa, salvo que ello sea una ventaja competitiva para usted y pueda mejorar su condición en el trabajo que actualmente ocupa, en el caso de que desee continuar en él. No insinúe ni sugiera su deseo de saltar a personas que no posean la capacidad operativa de mejorar su condición dentro de la empresa (si su deseo es quedarse en ella), pues lo que generará con ello será una serie de eventos y comentarios que no le serán útiles.

3. Mimetice: Salvo que sea una ventaja, mantenga la postura, no resalte ni se muestre ansioso, confúndase con el entorno si su deseo es retirarse de manera profesional. Como ya se señaló, las empresas aún practican la consulta de referencias y no es prudente dejar una mala imagen en la empresa que se abandona.
 

Sexto principio: Si va a dar un salto evalúe sus talentos. Si usted no los tiene, con certeza otro los tendrá.

Aunque suelen ser insectos solitarios, los saltamontes no siempre se encuentran en esa condición, y en ciertas oportunidades se concentran en grandes bandadas cuya simple descripción produce ansiedad sólo de imaginarla, ya que generan importantes daños al ambiente. Cuando esto ocurre pueden librarse verdaderas pugnas por los espacios y los alimentos disponibles, en donde sólo gana el saltamontes más apto.

Resultaría ingenuo suponer que se es el único profesional que desea saltar a otro escenario. Las cifras de profesionales que han entendido y se han convertido en verdadero talento empleable cada día es mayor, y eso ha generado una enorme concentración de profesionales disputándose buenas posiciones en el mercado laboral. En este caso no sólo es importante saltar primero, sino poseer las competencias requeridas para asegurar la posición deseada. Es por ello que en las empresas actualmente se exigen mayores niveles de estudios y otros conocimientos. La finalidad de tal práctica es reducir la comunidad de postulantes y poder escoger entre los mejores.
 

Reflexiones finales

Cambiar de empleo representa una responsabilidad mucho mayor que buscar trabajo. Principalmente porque en el último caso no se producen daños a terceros por una ruptura abrupta o indeseada, no hay dependencia y las decisiones recaen del interesado y su correcta coestimación con una sóla empresa. Pero cuando se está empleado existe un código de ética que ha de respetarse, pues el empleo es algo serio y valioso. Basándose en esta última afirmación, es importante destacar que tanto la empresa como el empleado son responsables de generar la necesidad de buscar otros horizontes.

Las empleadores deben ser lo suficientemente abiertos, honestos y definitivamente claros al momento de contratar. Eso evita la generación de expectativas erradas en las personas que se sienten interesadas por un cargo en particular. Pero eso no es suficiente: las organizaciones deben poseer sistemas de rotación y estímulo para que sus empleados, en cualquier área, no caigan en la monotonía y el empleo no pierda la condición de reto. En la actualidad se sabe que una persona no debería pernoctar en un mismo nivel de conocimiento o cargo por más de cinco años, salvo que su capacidad de innovación y creatividad se muestren activas y en ascenso. De lo contrario la misma organización estaría alimentando la fuga de personal valioso que practicaría de manera consciente o no la Teoría del Saltamontes.

Por otro lado los empleados deben administrar correctamente sus expectativas y no esperar más allá de lo que es posible recibir de las empresas. Estos también son responsables de las decisiones que la organización toma con relación a ellos, pues la empresa parte de acuerdos preestablecidos, comentados y discutidos durante la contratación en la mayoría de los casos. Si bien es cierto que por las condiciones actuales del mercado laboral no están como para sentarse, tomarse un tiempo y escoger la que mejor convenga, debido a la escasez de ofertas, no es menos cierto que resulta irresponsable quejarse y demostrar inconformidad de las condiciones laborales una vez que se ha escogido un empleo bajo la premisa “es mejor esto que nada”.

Pero en el caso al que se refiere la Teoría del Saltamontes, la visión es otra. Esta pretende orientar al profesional que ha alcanzado un número importante de años en una posición determinada y que no ve la posibilidad de seguir creciendo dentro de la empresa en la que labora, incluyendo a esas personas que sienten que ya lo han dado todo por la organización y sueñan con tener la oportunidad agregar valor a otras que realmente lo necesiten, ya que es necesario no ser sólo parte del cambio sino también ser capaces de generarlo, lo cual demanda planificación, preparación y precisión. De lo contrario se estarían obviando principios inalterables de la administración y dejando a la suerte lo que debería ser la consecuencia de una decisión bien pensada y sustentada.

Si se desea saltar a un nuevo escenario laboral, vale la pena repasar los seis principios que expone la Teoría del Saltamontes y responder de manera objetiva los cuestionamientos que ella sugiere y reflexionar sobre sus postulados, ya que su planteamiento obedece a garantizar el éxito en esa meta laboral. Recuerde siempre los seis principios de esta interesante teoría:

  • Agudice sus sentidos, lea e interprete las señales.
  • No pruebe suerte, planifique el cambio y estudie las variables.
  • Mantenga su trabajo al día y sus conocimientos actualizados; esté siempre preparado para saltar.
  • Si piensa saltar no lo divulgue ni dé indicios obvios de que lo hará.
  • Esté atento a las oportunidades y amenazas de su entorno, del mercado y de las condiciones socioeconómicas antes de decidir saltar pues ¡dos ojos no son suficientes¡
  • Si va a dar un salto, evalúe sus talentos; si usted no los tiene, con certeza otro los tendrá.
 
 
 
 

Félix Socorro es doctor en Ciencias Administrativas, asesor, consultor y autor de varios libros en las áreas de gerencia, talento humano y administración. Es también conferencista internacional y facilitador de cursos y talleres. Puedes escribirle a: contacto.felix@gmail.com. Síguelo en Twitter: @felixsocorro.

 
     
 
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