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Mariano Blumenfeld DESARROLLO PERSONAL
Volviendo a la niñez: la expresividad
como recurso para convencer

Por Mariano Blumenfeld
 
     
 

De niño probablemente eras mucho más expresivo de lo que hoy sos. En aquellos años no tenías la experiencia de hoy, ni tampoco habías vivido lo suficiente, ni pensado lo suficiente aún, para comenzar a instalar barreras a tu expresividad.

Quizá sucedió que, por vivir entre personas más grandes, de a poco ellos te fueron mostrando COMO ERA EL MUNDO de acuerdo a su mirada. “Caminá derechito”, “ponete serio en la mesa”, “portate bien con la señora fulana”, “no hagas caras al señor mengano”, “callate” y muchas otras trabas más, fueron instalando en vos a otro personaje y marcando el camino a la NO EXPRESIÓN.

Si te fijás en los niños, verás que cada uno tiene su sello personal. Algunos son muy graciosos para hablar, otros hacen muchas muecas con sus caras, o mueven mucho su cuerpo. Si te fijás, vas a caer en la cuenta de que TODOS ELLOS son capaces de mostrarte qué es lo que quieren.

Al no haber incorporado el lenguaje, los más chiquitos se las arreglan muy bien para expresarse. En reuniones a donde hay niños, se encargan de captar la atención de la manera que sea, mas nunca de la forma a la que nosotros LOS ADULTOS estamos acostumbrados.

Y ninguno de ellos tiene frenos para lo que dicen o hacen. No están inhibidos por la gente y tampoco por su entorno. Todo les sale de forma natural, sin forzar los acontecimientos. Si alguna vez has estado en un acto escolar donde los chicos actúan, allí se asoma toda su frescura.

Muy a pesar de nuestra capacidad de comunicarnos con efectividad, a medida que vamos creciendo nos van y vamos interponiendo obstáculos a nuestra expresión. Y en esa ruta de perder cosas nos vamos quedando con muy pocas acciones para hablar en público.

Manos es los bolsillos, muletillas, mirada extraviada, parálisis, miedo, rigidez, etc., acuden a nosotros como únicos representantes de nuestra expresión. Y a veces estamos imposibilitados de observar tales cuestiones. Y al no poderlas observar, es difícil que las podamos cambiar. Nos encontramos en transparencia. Estamos dentro de un paradigma que nos impide avanzar en el camino de la expresividad.

Mi propuesta es quebrar con la transparencia y corrernos del viejo paradigma del “YO NO PUEDO”, “YO NO SE”. Que a partir de ahora mismo, si elegiste averiguar cuáles son tus recursos para expresarte en tu discurso, comiences a observarte y a observar a otros en busca de tus propios recursos y otros que, no siendo nuestros, nos agraden tanto como para incorporarlos.

Ya mismo podremos apreciar cuánto cambia nuestro discurso y la transformación que habremos tenido como personas. Y no sólo eso. Además, veremos la diferencia que generamos en el público que nos escucha.

A no dudarlo, un discurso expresivo es una de las puertas de ingreso a los resultados que, como seres humanos, buscamos en la vida.

El lenguaje y la forma de expresarlo abren la puerta a nuevos mundos. No es lo mismo escuchar el mismo texto a una persona con mínima expresión que a otra con expresión más acentuada. El contexto que genera la segunda logra adhesiones que la primera ni se imagina.

Además, el público se merece a un orador con distinciones de expresividad. Merece claridad no sólo desde la dicción sino también desde la expresión. Imaginemos una obra de teatro con actores sin expresión y con un fuerte texto, por ej. Shakespeare.

Por más que las palabras digan cosas soberbias, la falta de expresión hará que el público no ponga atención a lo que se dice.

Yendo más allá aún. Los mimos. ¿Te imaginás a un mimo sin expresividad?

No todos tenemos el recurso de parecernos a niños de inmediato y sin tiempo de pensarlo. Por ello es que los incito a observar a los niños. En ellos está presente el gran caudal de la expresividad.

Y allí está el dilema.

“Si actúo como adulto no conmuevo ni convenzo. Y actuar como niño me parece no adecuado para insertarme entre las personas, pero sé que desde allí tengo más posibilidades de que mi mensaje llegue a mis oyentes”.

¿Qué hacer?, es la gran pregunta.

Soy de la idea que, como muchas cosas en la vida, el equilibrio es fundamental.

Y se logra sorprendiéndonos a nosotros mismos de las cosas que podemos hacer en el papel de niños, para luego adaptarlo a nuestra vida adulta. Y para ello es muy útil practicar nuestro discurso como si fuéramos niños.

Una vez que lo tengamos escrito y aprendido, lo practicamos a solas o en presencia de gente cercana. Agarramos un juguete o algo que nos conecte con la infancia (por ejemplo algún recuerdo) y largamos desde ese cuerpo infantil. Tomamos nota de las cosas que nos sorprendieron y le vamos dando una forma más adecuada a lo grandotes que somos.

Piensen que uno de los grandes objetivos de la oratoria es CONMOVER. Y los chicos son grandes MAESTROS en ese arte.

 
 
 
 

Mariano Blumenfeld es Martillero y Corredor Público, y tiene un postítulo de Perito Tasador. Actualmente es Coordinador Regional de Cobranzas en Manpower, empresa internacional dedicada a la provisión y reclutamiento de personal, teniendo a su cargo el seguimiento y gestión de las cuentas por cobrar que forman parte de la cartera de clientes de Región Centro de la Argentina. Cuenta con más de 10 años de experiencia en negociación y gestión de cobranzas, tanto para créditos de consumo masivo, como así también a medianas y grandes empresas del país. Es propietario del blog Negociación, Comunicación y Cobranzas, donde escribe y publica artículos relacionados con estas tres temáticas.

 
     
 
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