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Verónica Corba

DESARROLLO PERSONAL
El trabajo y la autoestima

Por Verónica Corba

 
     
 

Autoestima es el grado de autovaloración que pone en juego el concepto que cada uno tiene de sí mismo. Solemos hablar con cierta frivolidad acerca del tema, pero pocos saben sobre las causas o las consecuencias de tal valoración.

Los niños nacen y van creciendo viéndose a sí mismos y a los demás como lo más perfecto y maravilloso. Ellos no encuentran defectos en las personas a las que aman ni creen que aún deben ser mejores que otro bebé y superarse. Entonces la sobrevaloración o subestimación del propio yo sobreviene después, habiendo pasado tiempo e influencia suficientes como para sentirnos feos, inútiles y fracasados, o equilibrados, comprensivos y valientes.

Enumerar las posibles causas es tarea sencilla; su correspondiente explicación requiere un poco más de tiempo. Pero veamos: ¿qué amenaza la autoestima? Sí, también en este caso, la influencia de nuestros padres. En realidad nos constituimos de acuerdo a cómo nos ven los demás, poca importancia tiene cómo somos realmente. Importa si nos han demostrado cuán importantes somos para ellos y cómo se comunicaban con nosotros siendo pequeños. Los niños tienden a entender los mensajes literalmente. No capturan el contenido simbólico de determinadas frases ni, claro está, las metáforas. “Quien bien te quiere te hará llorar”, puede destinarnos a una relación de pareja en la que una de las partes “hace llorar” y la otra... ¡se siente amada!

El aspecto físico de un niño es, frecuentemente, un factor que produce mayor o menor aceptación en su medio. Muchos de ellos, siendo feos cuando niños (víctimas de las típicas bromas escolares, nada inocentes), pueden transformarse en personas sumamente agradables de aspecto, pero que sienten y accionan como lo que fueron algún día.

Por otra parte, la vida misma nos pone a prueba permanentemente: el éxito profesional, la carrera, el empleo, la falta de trabajo, son factores que hacen fluctuar los valores de estimación, al igual que el enamoramiento (en lo personal y afectivo) y los objetivos cumplidos (en lo laboral y profesional). Estos otorgan gran satisfacción y aumentan el grado de estimación.

Todos, sin excepción, pasamos por momentos de baja autoestima sin transformarse por ello en una característica “crónica” de nuestra personalidad. Desafortunadamente muchas personas en el mundo están pasando por un momento de baja autovaloración a causa de la falta de trabajo. Ninguna explicación racional relacionada con estudios sociológicos y económicos que lo marcan como tendencia mundial parecen aliviar la sensación de sentirse “ser poco”. Es una rara enfermedad que sólo sana al estar ocupados.

Y es lógico. Conseguir un trabajo, por lo menos en los primeros días, nos hace sentir valorados y reconocidos, lo que en sí no tiene que ver con lo que realmente somos pero, de todas maneras, así parece funcionar. El sentimiento de saber que alguien nos necesita es enormemente reconfortante y capaz de sanar rápidamente cualquier depresión aguda. Es mucho más efectivo que cualquier medicación.

Ya dentro de un empleo, esta responsabilidad se la cedemos a todos los pilares de la motivación (reconocimiento, capacitación, atención, corrección de errores, etc.) que son los que mantienen la autoestima elevada.

Pero lo más increíble es la influencia que esto tiene sobre la vida personal. Porque todos los aspectos de nuestras vidas parecen converger en el punto de la carencia afectiva (o cómo nos enseñaron a querernos a nosotros mismos). Es así como, mágicamente, tuvimos un buen día de trabajo y sentimos la inmensa felicidad de llegar a casa e invitar a nuestra pareja a cenar afuera, llevamos regalos a nuestros hijos o minimizamos cualquier problema doméstico. Porque nada parece tan grave cuando nos sentimos bien.
Ocupados o desocupados, satisfechos o no con nuestro empleo, debemos aprender a buscar los soportes de nuestro amor propio también fuera de nuestra ocupación, examinando la posibilidad de desarrollar actividades en principio no rentadas que nos demuestren que estamos más allá de la mirada y del juicio de los demás.

Esperar que los otros aprueben lo que hacemos (que es lo que somos) puede llevarnos una vida o gran parte de ella. Y este es un precio muy alto porque, en definitiva, todo lo que tenemos es a nosotros mismos.

 
 
 
 

Verónica Corba es Licenciada en Psicología (Universidad del Salvador) Se ha desempeñado en el área de Recursos Humanos por más de doce años en diferentes empresas en la Argentina y en el otros países. Actualmente es titular de Pep-Talk, consultora de Recursos Humanos especializada en seminarios de capacitación y asesoramiento sobre conflictos con el personal.

 
     
 
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