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Esteban Owen PARA PENSAR
Un texto mágico
Por Esteban Owen
 
     
 
  Esteban Owen leyendo

Recientemente hice un descubrimiento que de alguna manera parece estar conduciéndome a unas transformaciones cuyo verdadero alcance todavía no alcanzo a visualizar con total nitidez. Ocurre, por ejemplo, que cuando leo un libro o un artículo que me interesa particularmente, y del que espero obtener una nueva y valiosa perspectiva, lo leo detenidamente. Ya no tengo prisa por terminarlo rápido. Nadie me corre. No tengo ninguna urgencia por terminarlo para poder pasar a la siguiente actividad en mi agenda del día.

Llegué a la conclusión de que mi bagaje personal crece de una manera mucho más significativa cuando leo un solo libro lentamente, que si en el mismo tiempo leyera dos libros, o tres, o más. La ecuación parece muy simple, aunque por alguna extraña razón la mayor parte del tiempo se nos pasa de largo. Cuando leemos un libro o un artículo a toda velocidad, las palabras pasan tan rápido que no las vemos. Pareciéramos suponer que nuestro cerebro, esa máquina tan maravillosa, pudiera convertir el torrente de palabras en nuevas habilidades y nuevo talento a la velocidad de la luz y en tiempo real. Pero no. La realidad es que cada palabra que ingresa a nuestro cerebro empuja hacia el fondo a las que ingresaron previamente. Cuando leemos a las corridas, sin pausa para meditar y reflexionar, las palabras se diluyen en la masa informe de materia gris, y todo lo que queda, o casi, es una sopa de letras, insípida y desabrida.

Así que lo que hago ahora es convertir el hábito de la lectura en una ceremonia, un espacio y tiempo único en que entrego cada sentido de mi ser, como una ofrenda, en el altar de las palabras, las oraciones, las ideas y los conceptos. Y dejo que el texto me hable, le pido que me hable. Y estoy atento a cuando lo haga realmente, voy escuchando el texto atentamente para descubrir cuándo se dirige directamente a mí.

Y entonces, cuando eso ocurre, cuando alguna idea me apela, entonces me detengo. Levanto la vista del escrito, y como quien se vuelve hacia adentro, mi mirada se desvanece en quién sabe qué mancha en la pared, en qué trama del suelo o de la alfombra, dejando libre a la mente, y sobre todo a mi conciencia, para bucear entre pensamientos, experiencias, sueños y proyectos, y dejo que la idea recién leída juegue y converse con mi mente toda, que recorra cada pasadizo y cada recoveco de mi ser interior, mi mente, mi conciencia, mis sentimientos y emociones.

Y es sorprendente. En instantes, la magia de la mente y la conciencia comienza a brotar a borbotones, incontenible, mezclando y combinando, imaginando y creando nuevos mundos, nuevos pensamientos, nuevas ideas, nuevas soluciones a viejas situaciones.

Esto tiene una explicación muy simple, elemental, primitiva y ancestral. La mente humana es muy veloz. Extraordinariamente veloz. Pero los procesos de la conciencia son más lentos, y necesitan la pausa y el silencio para poder desarrollarse en un ambiente que le resulta más propicio. En un escenario así logra su máxima performance, sus resultados óptimos.

Nuestra experiencia cotidiana transcurre en un entorno sometido al bombardeo de estímulos de todo tipo. Nuestra mente, tanto como nuestra conciencia, perciben y procesan todos estos estímulos. Todo el tiempo. En todo lugar. Nos hemos privado del lugar de retiro cotidiano que nuestra alma necesita. Hemos elegido que “Otro” se ocupe de implantar en nosotros lo que hemos de pensar, cómo hemos de sentir, qué valores hemos de compartir, qué costumbres, qué modas, qué estilo, cómo hacerlo y con quién. Esta ha sido la peor decisión de nuestras vidas. Y cada día volvemos a renovar nuestro compromiso de fidelidad con la misma decisión.

Cada día tomamos la misma decisión de no meternos con nuestro ser interior. Elegimos no escucharnos a nosotros mismos. Elegimos levantarnos a la mañana, bañarnos, vestirnos para ir al trabajo, desayunar mientras vemos en la televisión los últimos asesinatos, los resultados del fútbol y los chismes de los famosos. Y allá vamos, ya estamos listos. Listos para ver sin prestar atención todos los carteles y afiches de publicidad, listos para empezar a enviar y recibir SMS y hacer o recibir llamadas mientras conducimos, y también para hojear el periódico si otro conduce o si vamos en un transporte público.

Listos para obedecer irreflexivamente los mails y llamados telefónicos de no sé quién para hacer no sé que cosa que hay que terminar ya porque es parte de algún proyecto de un cliente pero antes hay que terminar el informe de ayer y cuando termine tengo que ir a una reunión de no me acuerdo qué comité y así siguiendo. Stop … stop. Slow down.

Respiro profundo. Suspendo todos mis pensamientos. Siento mi respiración. El aire que entra y llena completamente mis pulmones. El aire que sale, llevándose todas las tensiones.

Aspiro, retengo por un momento. Exhalo. Vuelvo a aspirar profundo. Exhalo. Estoy acá. Tomo conciencia de este momento. Quién soy. Dónde estoy. Qué estoy haciendo acá. Cuál es el propósito de mi vida.

Permanezco por unos momentos en silencio, hasta que pueda sentir que estoy nuevamente conectado conmigo mismo. Conmigo mismo.

Ahora vuelvo lentamente a la realidad exterior. Ya no hay presiones. Nadie me está corriendo con ninguna urgencia. Voy a tomarme un tiempo, el que sea necesario, para repasar mentalmente las tareas que tengo por delante. Si es necesario, las escribo para poder verlas más claramente.

Ya tengo un panorama más claro de todo mi escenario. Veo cada árbol. También veo el bosque. Ahora voy a decidir. Es un momento importante, crucial. Es un momento fundacional. La decisión que estoy a punto de tomar va a determinar la calidad del próximo tramo de mi existencia.

Estoy a punto de tomar una decisión que va a afectar la calidad y el valor del aporte que voy a brindar a la empresa en la que trabajo. Quiero que el aporte que voy a hacer durante el próximo segmento de mi existencia produzca el máximo resultado posible. Quiero que mi próxima actividad supere las expectativas de mis clientes internos y externos.

Decido a qué tarea me voy a abocar ahora. Y encaro la acción. Confiado en que lo que estoy haciendo ahora es lo que yo decidí hacer. No está bien ni mal. No es correcto ni incorrecto. No es mejor o peor. Sencillamente es. Tiene la existencia que yo le estoy otorgando.

Estoy creando mi propio mundo. Ese mundo que fue concebido en mi mente. Que cobró vida mediante mis pensamientos. Ahora tiene existencia propia.

Ahora estoy siendo un Ser Integro. Todo mi Ser –cuerpo, alma, mente y conciencia– está en armonía. Estoy entregando todo mi Ser a la tarea que estoy desarrollando, porque quiero dar lo mejor de mí. Yo estoy decidiendo hacerlo. Libremente. Concientemente.

Ahora tengo bienestar. Me siento bien.

Querido Lector: te invito a que te detengas ahora. No sigas. Detente. Cesa toda actividad. Respira profundo y disponte a meditar por un momento en lo que acabas de leer.

Aparta la vista ahora de este texto, y vuelve para seguir leyendo sólo cuando dispongas de tiempo para hacerlo reflexivamente, tomándote tu tiempo. Tu tiempo.

Te deseo una buena meditación.

 
 
 
 

Esteban Owen es Fundador y Director de Ser Humano y Trabajo. A lo largo de su carrera profesional se ha desempeñado en periodismo y ha desarrollado actividades vinculadas con la comunicación escrita y gráfica. Como periodista se desempeñó en el diario Tiempo Argentino, hasta su cierra en 1987, y posteriormente articuló sus actividades periodísticas en forma free lance con el diseño gráfico. Se desempeñó durante varios años como diseñador gráfico para empresas de gran prestigio, como MetLife y la editorial El Derecho. Es titular del sitio Concepto Lateral Diseños Comunicacionales. También adquirió gran experiencia en estrategias de marketing. En 1999 fundó Ser Humano y Trabajo con la visión de promover un cambio en los paradigmas gerenciales, en línea con las nuevas tendencias del management, orientadas a lo que él llama “una empresa con rostro humano”.

 
     
 
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