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OPINION PERSONAL
Más que justificación, una excusa.
¿Suerte o habilidad?

Por Eduardo Demarco para auxilioideas.com
(Reproducido con autorización)

 
     
 

La suerte favorece a quienes le preparan el camino. Quienes parecen signados por la mala suerte, es porque se equivocan en cómo manejar sus asuntos.

No puede ignorarse que muchos han tenido y tienen la convicción de que las cosas del mundo son dirigidas por la fortuna y por Dios, dice Alistair McAlpine en su libro “El nuevo Maquiavelo – Realpolitik renacentista para ejecutivos modernos”.

Y agrega que, según esa misma convicción, los hombres, con su prudencia, no pueden corregirlas, ni cuentan con medios para hacerlo, por lo que pueden caer en la tentación de dejarse llevar por la suerte y que no es útil esforzarse para cambiar las cosas.

Es verdad que la suerte parece cumplir una función relevante en los asuntos humanos. Sin embargo, es importante saber que la habilidad puede superar a la suerte.

En el juego de backgammon, los jugadores arrojan el mismo dado del mismo cubilete. El jugador está a merced de la suerte y a veces ésta lo favorece, permitiendo que el dado caiga de tal manera que ocasione la derrota de sus adversarios. en otro momento, la suerte no lo favorece, y el dado no cae en el número que necesitaría.

Este jugador está a merced del azar. Su adversario, que no confía en la suerte, ha dispuesto a sus oponentes de modo tal que cualquier número del dado le será útil.

El oponente ha calculado las variaciones de los números cuando se tiran dos dados con el cubilete. Un jugador se aprovecha de la suerte, el otro jugador se hace su suerte.

Maquiavelo tomaría un camino intermedio: "Puedo llegar a admitir que la fortuna gobierne la mitad de nuestras acciones". Sin embargo, Federico el Grande opinaba que, cuanto más adulto es uno, más se convence de que Su majestad, el Rey Suerte, se ocupa de los tres cuartos de los asuntos de este universo miserable.

Ninguna de estas declaraciones es verdadera. Los actos de las personas, al margen del cuidado con que hayan sido considerados, a veces resultan erróneos. Como resultado de ello, se atribuye el fracaso a la suerte.

Pero, ¿realmente se justifica esta inferencia? El destino debe intervenir como algo que no puede ser previsto y la mayoría de las veces se lo induce debido a ciertas negligencias perfectamente comprensibles.

La buena suerte no es magia, sino una laguna en nuestro conocimiento que funciona a nuestro favor o en contra de nosotros.

La suerte es una excusa refinada para justificar el fracaso. Como lo dijo Oscar Wilde: "El éxito se debe completamente a la suerte". Para confirmar esta idea, sugirió que se le preguntara a cualquiera que hubiera fracasado en algo.

Maquiavelo opina bien sobre la fortuna y sus palabras de hace 500 años de antigüedad son tan verdaderas hoy como lo eran entonces. "Me parece que la fortuna es uno de esos terribles ríos que, cuando se hinchan, inundan las llanuras, derriban árboles y edificios, se llevan la tierra de una parte y la depositan en otra; no hay quien escape al acercarse la riada, se cede a su asalto, sin poder oponerse a él en modo alguno.

Y aunque los hechos son así, la verdad es que los hombres, en los tiempos de tranquilidad, podrían poner algún remedio, construyendo diques y abriendo canales, de modo que a la nueva crecida, las aguas se encauzaran debidamente y su ímpetu no fuera tan irregular y destructor.

Algo parecido sucede con la fortuna, que muestra su potencia donde no hay virtud ordenada que se le resista y dirige su ímpetu donde sabe que no hay diques para frenarlo".

Lo que llamamos suerte favorece a quienes preparan el camino a la suerte. De la misma manera, aquellos que parecen signados por la mala suerte, continúan teniéndola porque se equivocan en la manera como manejan sus asuntos.

No pueden notar ese error, sea por una ceguera producida por la costumbre y la falta de habilidad, o por terquedad. Todo esto se ve oscurecido por una excusa conveniente: "la mala suerte".

Además, Maquiavelo señala: "El príncipe que se apoya del todo en la fortuna fracasa en cuanto ésta cambia. Por el contrario, creo que es feliz quien adapta su modo de proceder a los tiempos que corren, como es infeliz quien vive en desacuerdo con su tiempo. Porque vemos cómo los hombres proceden de modos diferentes para lograr sus fines, es decir, la gloria y las riquezas".

Hay ciclos muy definidos en la actividad comercial. Sin embargo, es incierto dónde comienzan y dónde terminan esos ciclos. Es imposible mantener el momento de auge del mercado porque, por definición, si no hay una depresión, entonces esa euforia económica se convierte en el estado habitual.

Un estado de cosas estable beneficia sólo al tímido y al inútil. El pobre sigue siendo pobre, el rico sigue siendo rico.

La sensibilidad para detectar un cambio en el curso de los acontecimientos es uno de los talentos más grandes que se le ha dado a la humanidad, un talento que ha sido otorgado con moderación.

Si una persona percibe un cambio que las otras no pueden percibir, y modifica en consecuencia la forma y el estilo de comportarse, esa persona estará en ventaja con respecto a las demás.

Sin embargo, su posición le otorgará pocos beneficios, ya que los demás se burlarán de las acciones aparentemente alocadas que lo separan del resto.

Estar a la vanguardia del pensamiento de los demás es gratificante, pero pocas veces es recompensado. La persona que quiere tener éxito debe tomar la primera arremetida de la ola del pensamiento y luego cabalgar en ella como quien cabalga en la rompiente.

 
 
 
     
 
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