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OPINION PERSONAL
El magnífico y noble arte de servir

Por Carolina Salazar de Tobar

 
     
 

De un verdadero espíritu de servicio es de lo que más carecen las sociedades y las organizaciones actuales, lo cual se debe en un considerable porcentaje, a que no existe un compromiso genuino de búsqueda constante por parte de cada uno de los miembros que las integran, con relación al desarrollo completo de su propia persona. Y es que en definitiva, para que se geste y se construya auténticamente una cultura de servicio en todo el sentido de la palabra, el pilar esencial es precisamente la persona, la calidad de la persona.

Uno de los requisitos fundamentales para crear una cultura de servicio es el desarrollo de la virtud de la humildad. Pero la soberbia y la búsqueda de vanagloria personal, contribuyen de una forma muy frecuente a que ésta pierda su grandeza.

El ser humano, al no vivir la humildad, puede muy bien hacer desgraciados a quienes le rodean, pues la soberbia lo infecta todo: familia, amigos, trabajo, etc. Por ejemplo, esta persona exigirá un trato especial porque se cree distinta, habrá que evitar con cuidado el herir su extrema susceptibilidad, de alguna manera se tendrá que tolerar su actitud dogmática en las conversaciones, sus intervenciones irónicas, el no importarle que los demás queden mal, mientras él o ella quede bien. Pero resulta que todas estas son manifestaciones de algo más profundo, pues se trata fundamentalmente de un egoísmo desmedido que se apodera de la persona, cuando ella ha puesto equivocadamente todo el horizonte de la vida en sí misma.

Cualquier ser humano desea una palabra de aliento ante las situaciones difíciles, comprensión de los demás aun cuando con buena voluntad se ha cometido una equivocación, que se fijen en lo positivo más que en los defectos, que también exista un tono de cordialidad en las familias y en el lugar donde se trabaja, que por supuesto se exija en el cumplimiento de las tareas asignadas, pero de buenas maneras, que se haga la respectiva corrección fraterna cuando lo que se ha hecho no está bien. Todo esto es el reflejo de una auténtica vivencia de la solidaridad y la empatía, desde la profunda perspectiva del servicio.

Para poder servir, con todo lo que ello implica, se necesita dejar el egoísmo propio a un lado, para así ser capaces de descubrir esas pequeñas pero importantes manifestaciones que hacen sentirse bien a los demás. Si el hombre no lucha por olvidarse continuamente de sí mismo, en el buen sentido de la palabra, pasaría una y otra vez del lado de quienes le rodean y no se daría cuenta de que se necesita a lo mejor un gesto que anime, una frase de reconocimiento por lo que se ha hecho adecuadamente, una invitación para ser mejores. Dicho de otra manera: servirles.

El egoísmo ciega y nos cierra el horizonte hacia los demás, en cambio la humildad abre constantemente los caminos para el logro de detalles prácticos y concretos de servicio. Así, las faltas más pequeñas de los otros tienden a verse aumentadas, las muchas faltas nuestras tienen una marcada tendencia a disminuirse y a justificarse.

Por el contrario, al ser humilde se es capaz de reconocer en primer lugar los propios errores y las propias miserias. Solamente de esta manera se puede estar entonces en condiciones de mostrar un respeto genuino, al mismo tiempo que se ven con una mayor comprensión y tolerancia los defectos de los demás: esposo, esposa, hijos, compañeros, jefes, subalternos, clientes, proveedores, etc., y mejor aún, de esta manera se es capaz de poder brindarles un buen apoyo y una valiosa ayuda.

Se aprenderá a mirarlos con ojos de afecto y se estará en la capacidad de aceptarlos aun con esas diferencias. Solamente así se habrá logrado una real autoposesión, un dominio verdadero del ser, para convertirse en un agente de integración en cualquier lugar donde se esté. Un lugar donde el servicio sea el comienzo y el fin de cada jornada, de cada día, logrando llevar una nueva luz, un nuevo brillo, tanto a la familia como al lugar donde se trabaja, una luz tan potente que se proyecte a todo, iluminando igualmente al mundo, para beneficio de todos los que habitamos en él.

 
 
 
 

Carolina Salazar De Tobar es consultora y capacitadora empresarial. Dinámicas de Triunfo - El Salvador.

 
     
 
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