Catálogo de Cursos y Seminarios
 
Newsletter de SHT
 
Quiénes somos
 
Contacto

 

 

 

  Diplomado Internacional en Coaching Ontológico Mexico  
 
     
 
Verónica Corba
LIDERAZGO
Las expectativas en la gente
y sus consecuencias

Por Verónica Corba
 
     
 

En las conversaciones que mantengo con mis clientes o con empresarios, sobre todo cuando ya ha pasado cierto tiempo y empiezo a conocer a los diferentes miembros de esos grupos, suele aparecer algún comentario acerca de las respuestas, en términos de crecimiento, de ciertos miembros en relación a las expectativas de un superior.

“Hace tres años que estoy invirtiendo en Marcela pero siento que ha llegado a su techo...”, o bien, “Insisto con Carlos. Lo reprendo, lo amenazo, lo premio, lo envío a seminarios, y nada. Siempre consigue hacer una pequeña parte de lo que creo es su verdadero potencial. Finalmente opté por ponerle un plazo.”

Estas son algunos de la sentencias que he oído y me resultan familiares. Es decir, en mi propia experiencia como gerente, cometí varias veces el mismo... ¿error? Ni siquiera sé si cabe este término, pero lo cierto es que pasa tan frecuentemente que dejamos de verlo como un fenómeno en sí mismo.

Y lo es. Porque hay dos sujetos, por lo menos, comprometidos afectivamente en el hecho. Aquí se ven expuestas sus ambiciones, sus talentos, la carencia de algunos de ellos, sus debilidades, sus secretos y sus proyectos de vida.

Recuerdo que en mi primer empleo, al que ingresé aprovechando las vacaciones de tres meses en la universidad cuando tenía 18 años, hallé un jefe maravilloso. Paciente y didáctico conmigo, cierto día, casi al cumplirse el tercer mes, me sorprendió con una reunión que parecía ser muy importante para él. Me reveló que tomaría a otra persona para que haga mi trabajo de secretaria con el fin de ascenderme para que pudiera colaborar con él en asuntos “mas importantes”. No pude responder nada. Sólo asentí. En mi interior ni siquiera se libraba una batalla: sabía con seguridad que quince días después presentaría mi renuncia para retomar mis estudios en el turno mañana de la universidad. Me sentí mal, llena de culpa. Nunca antes me había atrevido –lo confieso– a mencionarle que no estaría más tiempo por temor a no ser tomada en cuenta y, además, ni siquiera consideraba que mi función no sería reemplazada de inmediato por otra joven como yo. Pero no esperaba tan rápido un ascenso. No era una empresa grande, de hecho, era bien pequeña. Por eso era tan importante para él –lo llamaré Armando–, que estaba creando un nuevo puesto de trabajo que yo sería la primera en ocupar.

Historias como ésta suceden a diario. Por una parte, el jefe apuesta todo a su “sucesor”, “elegido”, “preferido”, o como se llame. Y, como es de esperar, la mayoría de las veces la respuesta es exactamente la opuesta. El elegido empieza a apagarse como una llama sin oxígeno, lentamente. Su perfil emprendedor y dinámico se apaga mientras se encienden las ideas y los proyectos de su directivo.

Por la otra, este directivo de alguna manera sufre. Es como si el sujeto que fue merecedor de su confianza (“Yo sé que él será grande un día”) pierde terreno en relación a otros que presentaban hasta ese momento un bajo perfil.

Y no logra entender. Por eso, como el Coyote (el personaje del “Correcaminos”) cada vez lo intenta con mayor esmero que la anterior: habla y habla horas con él; lo invita a almorzar para compartir sus proyectos; le presenta a otros socios; lo lleva de viaje de negocios para que aprenda a ser como él; le paga decenas de horas de capacitación y le regala libros y corbatas.

Pero nada sucede. La luz se sigue extinguiendo. Comprensiblemente, claro. Porque el aprendiz no necesariamente tiene las mismas intenciones ni los mismos proyectos. Porque quizás no es su momento para dar el salto y crecer. Porque no puede –¿no quiere?– colocarse a la altura de las circunstancias. Y aquí intervienen diversos factores:

La mayoría de las veces, estos jefes son apasionados por lo que hacen y sienten que para todos los que comparten su tarea debe ser igual. Es un error. Para Armando era una gran propuesta la que me hacía, para mí era una interferencia entre mis estudios y yo (en ese momento de mi vida).

Como líder también es frecuente que vea más allá de la propia persona y se asigne la dote mágica de transformar al aprendiz en un ser exitoso. La verdad es que eso también es una decisión del conducido. Tampoco es garantía la capacitación, ni los almuerzos, ni las corbatas. Creo que de alguna manera eso retarda aún más el plan, ya que va creciendo la “deuda moral” dentro del sujeto proyecto. Otras veces no se está buscando desarrollar un talento del sujeto, y por tanto nunca será excelente como lo creemos.

A estas alturas sé que más de un lector se ha sentido identificado con uno u otro rol. Y la pregunta es, ¿qué hacer? Bien, cuando uno esparce un puñado de semillas en la tierra y las riega y observa durante días, emergen brotes. Rara vez, y dependiendo de la especie, asoman juntos. Siempre algunos se adelantan con todo el vigor que el sembrador desea ver. Luego van apareciendo los demás.

Al cabo de un tiempo los primeros súbitamente secan, y prosperan los que quizás habían comenzado con alguna dificultad para asombro y desconcierto del jardinero inexperto. Es una parábola. Pero si alguna vez han compartido ambas actividades, la jardinería y el liderazgo, sabrán que la sensación, salvando distancias, es semejante.

Debemos dejar, pues, estimado lector, que ellos nos muestren sus verdaderos anhelos. Si invertimos en alguien y nos sentimos decepcionados, debemos comprender que entonces no era la persona que necesitamos en este momento. Porque tampoco es el suyo o porque sus proyectos no residen en nuestra empresa, pero por obvias razones no lo pueden revelar.

He visto cientos de veces cómo llegan a ocupar cargos estratégicos personas que no habían llamado la atención de nadie en sus inicios. También vi cómo un líder encendía la llama de alguien a quien nunca se le apagó. Y con más frecuencia todavía, vi a los descritos al principio del artículo: los que no responden. Siempre vale la pena intentarlo, lo que no me parece atinado es dirigir la mirada atenta sólo en una dirección, perdiendo por esto de vista otras oportunidades (para uno mismo y para los que no habían sido “vistos”). Y si pasado un plazo se perciben los síntomas que mencioné, y que seguramente han vivido, reconocer que no tomamos el camino correcto y cambiar la dirección a tiempo es lo apropiado. Si era la persona que creímos debía ser, “despertará” sóla frente a este comportamiento. Si no, nunca lo fue.

(Perdón, Armando...)

 
 
 
 
Verónica Corba es Licenciada en Psicología (Universidad del Salvador) Se ha desempeñado en el área de Recursos Humanos por más de doce años en diferentes empresas en la Argentina y en el otros países. Actualmente es titular de Pep-Talk, consultora de Recursos Humanos especializada en seminarios de capacitación y asesoramiento sobre conflictos con el personal.
 
     

Dossier de Coaching - Descarga Gratis

 

 

 

 

Certificacion en Coaching Persoanl y Empresarial

 

 

 

 

     
© 2001 - 2013. Todos los derechos reservados. La reproducción de los contenidos de este sitio está permitida con el debido acuerdo por escrito de Ser Humano y Trabajo.
E-mail: info@serhumanoytrabajo.com