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Verónica Corba
LIDERAZGO
El valor de aprender
a conducir personas

Por Verónica Corba
 
     
 

Independientemente de la envergadura de la empresa, solemos trabajar en equipo porque entendemos que así se obtienen mejores resultados. Los grupos, aun nuevos y pequeños, deberán estar estructurados y ordenados, con sus correspondientes jerarquías, porque los mismos integrantes requieren este orden. A la gente le gusta conocer las reglas en el ámbito en el que se desenvuelven. Las necesita, incluso, para crear. Conocer los límites les da seguridad cuando se establece el espacio de libertad que cada empleado requiere para desarrollarse en función de los objetivos del grupo y, claro, afectarlo positivamente.

Es entonces cuando percibimos (a veces tarde, otras a tiempo) que somos jefes y... ¿esto como se hace? “Marcaré distancias para que sepan que soy el jefe”, o bien “trabajaré al nivel de ellos creando un clima informal para que se sientan mejor”, podrá plantearse el líder incipiente.

Imaginemos ahora una gran estructura: el brillante Licenciado en Marketing con amplia experiencia y un listado interminable de cursos es nombrado Gerente del sector. Tiene unas quince personas a su cargo, algunas de los cuales han sido antiguos compañeros de tarea (¡!). “Pero funcionará bien porque tiene energía y sentido común”, dicen sus directivos.

Pero no. Ser Gerente requiere, más allá del área o la especialización, estar preparado para trabajar con la gente, estar predispuesto a este agotador intercambio energético que es compartir un puñado de horas diarias con un grupo que demanda de él una gran variedad de cosas. Es un aprendizaje paralelo porque en términos de conducción ya no se improvisa ni se manejan situaciones por intuición. Y no está mal no saber conducir, ya que no se enseña en ninguna carrera a ser jefe, porque requiere básicamente de la práctica y el error. Y porque uno no estudia marketing para tener gente a cargo, trabajar con un equipo.

Esta tarea requiere más esfuerzo, paciencia y dedicación de lo que muchos imaginan. Aún se escucha decir por ahí: “No puedo dejar mi oficina medio día sin que las cosas no funcionen hasta mi regreso”, o bien: “Qué bueno sería que me asciendan a jefe para trabajar menos” ¡Error! Un buen Gerente trabaja más que su gente, y como retorno espontáneo e inevitable lo respetan por lo que es y no por su grado. Este sí puede retirarse algunas horas, incluso días, con la tranquilidad de tener un equipo trabajando en el mismo sentido que él. Y conoce también el profundo significado de la frase “la soledad del poder”, pero es compensado cuando encuentra el apoyo incondicional de sus conducidos.

No aprendemos a delegar instintivamente. Porque delegar no es nada menos que conformar un equipo de extensiones propias. El equipo se maneja como un solo cuerpo. Como si fueran las manos, los brazos; con la misma fluidez. Pero nada realmente bueno ni duradero se consigue sin trabajo y sin dedicación. Cuando vemos un grupo que trabaja sin quejarse, pero se comunica eficazmente, que redoblan esfuerzos para conseguir objetivos, que se sienten parte de la Compañía y que están orgullosos del lugar que ocupan (cualquiera que sea), allí hay sin duda un gran Gerente.

Considero de vital importancia para una empresa que quiere mantenerse en un mercado altamente competitivo y alcanzar la excelencia, no subestimar la importancia de tener jefes capacitados y entrenados para serlo. En estos tiempos en los que no podemos dar ventajas, un buen directivo cuenta con el apoyo de su gente sin importar cuántos sean, y se comete con preocupante frecuencia el error fatal, en muchos casos, de no reconocer la complejidad que implica dirigir un grupo y, como consecuencia, de no tomar las precauciones adecuadas para evitar un mal mayor. La prevención en tal sentido se llama capacitación.

En definitiva, en las crisis (que son inevitables) lo que mantiene firme una organización es el capital humano. Es la base de la estructura que sostiene todo lo que suceda, positivo o no, para la firma. Ellos constituyen los recursos humanos.

Y eso es lo que son: un recurso que la mayoría de las veces no sabemos aprovechar, con la consecuente insatisfacción para nosotros y para ellos. Pero lo mejor de todo: es evitable. Y está en nuestras manos.

 
 
 
 
Verónica Corba es Licenciada en Psicología (Universidad del Salvador) Se ha desempeñado en el área de Recursos Humanos por más de doce años en diferentes empresas en la Argentina y en el otros países. Actualmente es titular de Pep-Talk, consultora de Recursos Humanos especializada en seminarios de capacitación y asesoramiento sobre conflictos con el personal.
 
     

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